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El Ultimo Tren:El Origen

Periodista y Escritor

El Ultimo Tren:El Origen

El Encierro Parte 2

Siguiendo con mi encierro en mi burbuja de fantasías ese año 2004, después de crear muerte viva, me dedicaba de vez en cuando a dar paseos por el centro de la cd de méxico, esas salidas las hacía en el metro.

Una tarde iba de regreso a casa y de pronto se le fue la energía al metro, el tren se quedó entre el metro tacuba y panteones de la línea 2, se me quedó tan grabado eso no se por que, cuando comenzó el silencio en el túnel se comenze a escuchar voces, pensé que estaba imaginando cosas, pero unos tres personas mas que íbamos en ese vogon nos volteamos a ver sorprendidos, de pronto en ese silencio las voces se intensificaron y el vago se comenzó a mover, como si lo empujaran y se vía como si alguien caminara por el túnel, sombras pequeñas muy tenues, una señora dijo que eran ratas, pero después gritaron, recuerdo bien que no se entendía, pero a mi en mi trauma se me hicieron niños.

De pronto la energía volvió y el tren se volvió a poner en marcha, pero esos segundos de tensión que nos llevaron al terror fueron bastante extremos, cuando llegamos a cuatro caminos las personas que se bajaron de todo ese metro, iban muy asustadas, tal vez una psicosis colectiva, no lo se, pero si le pregunte a varios si habían escuchado lo que yo, Todos dijeron que sí, pero pronto le comenzaron a dar explicaciones lógicas, a lo que el miedo se disipó por completo.

Llegando ami casa, traía como una descarga de adrenalina y me puse a investigar qué había sucedido en ese tramo, encontrado eventos impresionante, que narro en la historia.

Con una emoción infinita me puse a escribir el ÚLTIMO TREN, entrando de lleno en el género que más me ha apasionado, EL TERROR, con un formato de película de fantasmas oriental, (que estaban de moda en esos dias) le de vida a una de mis historias favoritas.

Te presentamos el primer capitulo del ultimo tren.

El Último Tren de Hernan Almaguer



El metro de la ciudad de México amplio una de sus líneas con dos estaciones más. Panteones y Cuatro Caminos.

Ignacio. un trabajador de la línea solicitó ayuda de su compañero Raúl para concluir el último tramo de la excavación, ya que bajo circunstancias extrañas, los trabajadores de la obra estaban desapareciendo y los ingenieros se rehusaban a contratar más gente.   

-Un rato más y nos vamos. Dijo Ignacio mientras removía la tierra.

-Sí, prometí a mi niña llevármela al cine. Raúl golpeó una piedra con la pala y un líquido comenzó a esparcirse por toda la tierra.  

-Creo que le di a una tubería. Ignacio tocó el líquido y percibió un olor a putrefacción

-¡! Huele como a muerto! En ese momento unos susurros comenzaron a escucharse por toda la extensión del túnel.
-¿Ya escuchó eso compadre?

-Como que parecen niños, a lo mejor se metieron unos chamacos a la excavación.

-¿Pero a estas horas compadre? Dijo Raúl mientras sacaba de entre sus ropas una lámpara de bolsillo para iluminar el líquido, al hacerlo se dio cuenta que no eran aguas negras.

-!!!!Es sangre¡¡¡¡¡. Grito Raúl soltando la lámpara y alejándose rápidamente. Intrigado Ignacio siguió escarbando.

-Compadre aquí hay un muerto. Raúl se acercó para ver el cadáver que mostraba deformidades espantosas. Los ojos se encontraban abiertos y su boca estaba torcida hasta las sienes, parecía como si su rostro fuera una hoja de papel contraída. Ignacio vio un gafete en los despojos de la ropa y se dio cuenta que era uno de sus compañeros.

-¡¡¡Santo dios, es el güero!!!-Grito Ignacio cuando de entre la tierra saltó un pequeño cuerpo que se prendó de su rostro, enterrando los pulgares en sus ojos e introduciéndolo en la tierra que ya emanaba sangre por todos lados.

-¡!!!! Ayudenmmmeee, ahhhgggg, ayúdame…. ¡¡¡. Raúl regresó a ayudarlo, pero ya se lo había tragado la tierra.  Se quedó paralizado escuchando como se intensificaban los susurros hasta convertirse en gritos, la tierra comenzó a desmoronarse y muchos cadáveres salían de las paredes flotando en la sangre, que ya inundaba por completo el túnel.

Trató de salir corriendo pero la sangre ya estaba a la mitad de su cuerpo, y de ella emergían rostros de niños con las órbitas de los ojos vacías, gritando una palabra incomprensible. El terror lo hacía presa, pero en su instinto de supervivencia logró abrirse paso entre las caras y los cuerpos hasta salir de la excavación. Al respirar el aire nocturno, su llanto se convirtió en una risa incontrolable, se dejó caer sobre el pavimento invadido de una carcajada que le cortaba el aire.  

Esa noche la luna contemplaba con discreción como se evaporaba la razón de Raúl, para condenarlo a una locura que lo acompañaría hasta el fin de sus días.  




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